Dicen que hay jefes buenos y malos. Los buenos son benévolos, compasivos, considerados y transformadores. Los malos son tóxicos.
Unos y otros influyen en la salud de los empleados y trabajadores, y en la existencia de las propias empresas.
Sin embargo, muchas empresas prefieren a los malos jefes. Aquellos que actúan como capataces o sargentos.
Casi nadie corre a un mal jefe. Porque prefieren perder a los empleados y obreros que a los jefes.
Con la empresa, el presidente, directorio o accionistas, e incluso con sus colegas de alto rango y con los clientes, aparentan ser positivos, creativos y muy productivos. Verdaderamente ejemplares.
Se conoce como “mobbing” el acoso laboral y moral que sufren los trabajadores de los malos jefes.
El mobbing daña. No sólo en el empleo, también en la salud y en la vida misma.
Se acosa para fines negativos como que renuncies o aceptes abusos; para que te sometas a prácticas extremas laborales, de trabajo continuo, peligroso o aislado.
Lo que acaba con tu salud física y mental.
Un jefe malo o mediocre te produce enfermedades reales. Aumenta tu riesgo de hipertensión y ataques al corazón.
Eleva tus niveles de estrés, te produce el síndrome “burn out” de trabajador o profesional quemado, por la ansiedad, con daños en la salud psicológica y en el binestar físico.
Con el resultado de que un acoso laboral prolongado te enferma y te mata. Además de que al mismo tiempo te arruina en el trabajo en tu ingreso y en tu familia.
Cuando te des cuenta de que eres víctima de un mal jefe y de acoso laboral o moral, busca un abogado. Cuéntale. Pide apoyo.
Debes ver que no sufres sólo sino que hay otras víctimas de semejantes injusticias. Que todavía están allí o que ya se fueron, pero que también han sufrido del mismo acoso.
Debes darte cuenta de que un mal jefe es dañino y que, puedes revertir esa situación.






